La Cueva de la Madonna di Bisaccia es una pequeña caverna que se abre en un bloque rocoso a lo largo del Tratturo Centurelle-Montesecco, no lejos del santuario de la Madonna di Bisaccia y del pueblo de Montenero, en un entorno de gran valor naturalístico. Se supone que la cavidad ya era frecuentada en época paleocristiana, entre los siglos II y IV, y se convirtió en lugar de culto en la Edad Media. En su interior se conservaba una pintura de la Virgen y el Niño Jesús, que más tarde se trasladó a una pequeña capilla rural, sustituida posteriormente por el santuario del siglo XIX que puede verse al principio de la etapa; se dice que la cueva estuvo decorada originalmente con frescos, de los que, sin embargo, hoy no queda rastro. Tiene forma cuadrangular irregular y conserva un pequeño altar en la sala izquierda y dos figuras en relieve en la pared, quizá una Virgen y un Arcángel San Miguel, en la derecha, mientras que en el pilar que divide el fondo por la mitad se ven otras figuras muy arruinadas; hay numerosos signos y nombres grabados en las paredes, huellas del paso de pastores y peregrinos (pero no sólo) antiguos y modernos. La roca en la que se abre la cavidad es rica en conchas fósiles.